
LA MUERTE Y YO
Puede sonar loco e incríble a la vez, pero he charlado con la muerte, más de una vez en estos últimos meses. todo comenzó uando em dirigía a mi casa, en un bus más vacío que mi corazón, veníamos nada más el conductor y yo. El atobús era blanco por fuera, pero por dentro era negro y con frases estúpidas que suelen andar los buseros, como:"Si me miras es por que em amas". Afuera, cuando vi por la ventana, el clima se había puesto de acuerdo con mi soledad, ya que llovía sin parar des ya hacía tres cuadras.
El motivo de mi soledad era por aquel vacío que todos los seres humanos poseemos. Quería encontrar algo diferente para tener una nueva forma de ver la vida. Pensé. Recordé que en mi infancia había tenido una enfermedad seria:Tifoidea, para ser exacto. Fue la primera vez que pude ver a lo lejos la muerte.
Seguí mi camino y llegué a la plaza del lugar donde vivo, mi mente querí clarificar la imagen de ella. Entré a mi casa. Vacía, los muebles azules que mis padres me habían dejado era lo único hermoso en mi casa; luego, dos pasos después de la sala, estaba el comedor, una mesa de plástico blanco, con una silla de metal, a un lado la refrigeradora que al abrirla te encontrabas, con agua y un pedazo de pizza de más de un mes. Pasaba ocupado en el trabajo que casi no comía en casa. La sala, el comedor y la cocino (que nuca ocupó, porque no sé cocinar), lo que separa a cada una de ellas es mi cuarto, el único en la casa. En medio está la cama, al lado dercho, cerca de la ventana, mi guitarra, al lado izquierdo, un mueble para poner papeles, libros, cuadernos y lociones, en fin de usos múltiples; así lo conocen mis amigos y familia, al frente el clóset, que se abre una vez al mes, ya que toda la ropa está tirada por el suelo.
estaba a punto de dormmir. Eran las 9:00 p.m., alguien toca mi puerta. Salí del cuarto.Fui a ver quién era. No era nadie. Volví a mi cuarto. Tocaron otra vez la puerta. Pensé que era el hijo de la vecina que me estaba haciendo bromas otra vez, ya que era de esos niños gordos que sólo molestan a los vecinos. Volví a cerra la puerta. De regreso a mi cuarto, en mi cama estba ella, sí ella, a la que todas las personas le tememos, alguna vez en la vida; la muerte, había llegado a mi casa.
- Soy muy joven para que me lleves- le dije, con la excusa de que se fuera.
- No vengo por eso- respondió, mientras colocaba la hoz en el suelo.
- ¿Por qué estas aquí, entonces?-. Pregunté
- ¡Ah! Es fácil, necesitaba a un amigo.
Mientras me mostraba cómo era en realidad, confirmaba que era cierto cómo me la habían descrito, con la capa negra, con la hoz en su mano dercha, su cuerpo esquelético y sus dientes intactos. -¿Por qué quieres que yo sea tu amigo?- le pregunté. Me miró y me dijo. -¿no recuerdas nuestro encuentro, cuando tenías once años? - sí-. Le conteste. ¿Qué otro motivo tendría? Para que estuviera en mi habitación, si no quería matarme.
Charlamosdde cómo es su trabajo, y lo comparamos con el mío. No hay diferencia. Yo tengo que entregar reportes de la empresa, sacar las cuentas y recibir insultos del jefe. La muerte tiene que sellecionar a quiénes se va a llevar, reportarlas al cielo o al infierno, depende el lugar que tenga destinado la persona sellecionada, debe cumplir con un número establecido por día, y si alguien mata a otra persona, por placer o por el motivo que sea, recibe regaños porque se excedió de la meta establecida.
Ahora me visita cada noche, comemos (bueno, yo, porque estoy vivo), jugamos un rato, a veces se va antes de que empecemos a platicar de cómo estuvo nustro día, porque tiene que ir a atender a un "paciente", así les dice ella a las personas que estan a punto de morir o a las que les llegó la hora de partir. Hay días que no se aparece para nada. Pero cuando me vuelve a visitar me pregunta -¿qué se siente estar vivo?-. Aún no logró contestar esa pregunta y la evado preguntando -¿qué se siente estar muerto? Ella, al igual que yo, no me contesta
El motivo de mi soledad era por aquel vacío que todos los seres humanos poseemos. Quería encontrar algo diferente para tener una nueva forma de ver la vida. Pensé. Recordé que en mi infancia había tenido una enfermedad seria:Tifoidea, para ser exacto. Fue la primera vez que pude ver a lo lejos la muerte.
Seguí mi camino y llegué a la plaza del lugar donde vivo, mi mente querí clarificar la imagen de ella. Entré a mi casa. Vacía, los muebles azules que mis padres me habían dejado era lo único hermoso en mi casa; luego, dos pasos después de la sala, estaba el comedor, una mesa de plástico blanco, con una silla de metal, a un lado la refrigeradora que al abrirla te encontrabas, con agua y un pedazo de pizza de más de un mes. Pasaba ocupado en el trabajo que casi no comía en casa. La sala, el comedor y la cocino (que nuca ocupó, porque no sé cocinar), lo que separa a cada una de ellas es mi cuarto, el único en la casa. En medio está la cama, al lado dercho, cerca de la ventana, mi guitarra, al lado izquierdo, un mueble para poner papeles, libros, cuadernos y lociones, en fin de usos múltiples; así lo conocen mis amigos y familia, al frente el clóset, que se abre una vez al mes, ya que toda la ropa está tirada por el suelo.
estaba a punto de dormmir. Eran las 9:00 p.m., alguien toca mi puerta. Salí del cuarto.Fui a ver quién era. No era nadie. Volví a mi cuarto. Tocaron otra vez la puerta. Pensé que era el hijo de la vecina que me estaba haciendo bromas otra vez, ya que era de esos niños gordos que sólo molestan a los vecinos. Volví a cerra la puerta. De regreso a mi cuarto, en mi cama estba ella, sí ella, a la que todas las personas le tememos, alguna vez en la vida; la muerte, había llegado a mi casa.
- Soy muy joven para que me lleves- le dije, con la excusa de que se fuera.
- No vengo por eso- respondió, mientras colocaba la hoz en el suelo.
- ¿Por qué estas aquí, entonces?-. Pregunté
- ¡Ah! Es fácil, necesitaba a un amigo.
Mientras me mostraba cómo era en realidad, confirmaba que era cierto cómo me la habían descrito, con la capa negra, con la hoz en su mano dercha, su cuerpo esquelético y sus dientes intactos. -¿Por qué quieres que yo sea tu amigo?- le pregunté. Me miró y me dijo. -¿no recuerdas nuestro encuentro, cuando tenías once años? - sí-. Le conteste. ¿Qué otro motivo tendría? Para que estuviera en mi habitación, si no quería matarme.
Charlamosdde cómo es su trabajo, y lo comparamos con el mío. No hay diferencia. Yo tengo que entregar reportes de la empresa, sacar las cuentas y recibir insultos del jefe. La muerte tiene que sellecionar a quiénes se va a llevar, reportarlas al cielo o al infierno, depende el lugar que tenga destinado la persona sellecionada, debe cumplir con un número establecido por día, y si alguien mata a otra persona, por placer o por el motivo que sea, recibe regaños porque se excedió de la meta establecida.
Ahora me visita cada noche, comemos (bueno, yo, porque estoy vivo), jugamos un rato, a veces se va antes de que empecemos a platicar de cómo estuvo nustro día, porque tiene que ir a atender a un "paciente", así les dice ella a las personas que estan a punto de morir o a las que les llegó la hora de partir. Hay días que no se aparece para nada. Pero cuando me vuelve a visitar me pregunta -¿qué se siente estar vivo?-. Aún no logró contestar esa pregunta y la evado preguntando -¿qué se siente estar muerto? Ella, al igual que yo, no me contesta
3 comentarios:
Hey me gusto! yo me acuerdo que me contaste que querías escribir sobre la muerte y una conversación con ella... te quedó chiva=)
¡Hola!está chevere que recuerdes a tu abuelito y lo puedas expresar.
Buen texto este, Jonathan. Creo que, en general, hay un bun esfuerzo de blog. ¿Por qué no aparece la fecha de publicación de las entradas?
Felicito el que tengás tan claras tus creencias y el que intentés ser coherente con ellas.
Que estés bien.
Manuel
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