lunes, 6 de julio de 2009



EL CÓDIGO DEL CAMPEÓN

Vivo a dos centímetros de suelo, soy un mal perdedor. No conozco la derrota, su significado no se encuentra en mi diccionario.

Son algunas palabaras, que se encuentran en el libro y, que, llegaron al fondo de mi corazón, para que dejará de ser un desconocido a ser un conocido, de ser espectador a jugar en las grandes ligas.

Después de lo anterior, creó firmemente que Dios hará grandes cosas con nuestro hermoso país El Salvador, y no sólo me refiero al fútbol, sino que a un cambio inimaginable. El Salvador será como nunca antes ha sido.

Así como esta la violencia en nuestra patria habrán jóvenes valientes, entregados que dejaran todo en las calles por amor a aquel que dió su vida por cada uno de nosotros, JESUCRISTO. Esta nación sabrá que JESÚS es el rey de la vida de cada una de las personas que habitamos esta hermosa tierra llamada El Salvador.
¡GRACIAS POR TU SACRIFICIO!

Era un día normal. Me levanté, me bañé me cambié e iba camino a la universidad. Pensaba que en un día como hoy moriste en la cruz. Aún no logro entender el amor que sientes para cada persona. Tal vez no estuve allí, pero aún así pensabas en mí cuando siendo castigado por el mundo.

En el monte Getsmaní, cuando orabas para que Dios te diera las fuerzas, era la primera vez que sentiste miedo, ya que sabías que había que pagar el precio de un mundo que se estaba perdiendo en el pecado.

De tu boca no salió ni una sola palabra. Callaste, en el arresto y en el juicio "justo" que los sacerdotes y escribas tenía planeado. Tenías a las grandes autoridades de Roma frente a ti y volviste a callar, cuando podías asesinarlos con un solo movimiento tuyo, pero no hiciste nada. ¡Qué paciencia y entrega por tu sueño!

EL acto de bondad más grande del mundo. Apareció en el noticiero del cielo. Mientras aquí en la tierra se daba la noticia que el pueblo había soltado a un ladrón que nadie quería, Barrabas.

-¿Qué quieren que haga con este hombre?- dijo Pilato.
-Hay que crucificarle- a una voz, el pueblo exclamó.

Así fue, la crucifixión, la muerte más dolorosa y vergonzosa de ese tiempo. Pero era por amor a la raza humana que lo hacías. No ibas solo te acompañaban dos ladrones.

Al llegar al lugar donde se llevaría a cabo la ejecución, ya no sentías miedo, sino que, orgullo por estar llevando las culpas de las personas y que , a partir de ese momento la libertad tocaría a sus puertas.

Moriste como un ladrón, tu sepultura fue digna de una persona de respeto. Pero el sueño de pagar el precio del pecado fue cumplido. Orgullo. Satisfacción. Eso se miraba en tu rostro cuando venciste a la muerte.

Ahora estoy feliz de ser tu hijo, y de ser fruto de ese sacrificio tan grande. Has que tu sueño perduré por siempre en mi corazón. Por amor a ti, prometo que tu muerte va a ser glorificada en mi forma de ser. Que tu sueño viva en mí y ¡gracias por tu sacrificio!





SANTIAGO MARTÍNEZ, MI ABUELO

¡No te pude conocer viejo! Las personas que familiarizaron contigo, a pesar del paso de los años, no te olvidan. Tan lleno de vida, de fuerzas y de voluntad. Tu forma de ser, digna de admirar, ayudó a formar el carácter de tus hijos.¡Desaría poder viajar en el tiempo para compartir tus experiencias!

Sentado en mi habitación, comienzo a imaginar cómo sería mi anciano favorito. Acercando una foto, la nostalgia inunda mi mente. Recordando la forma de cómo hubiésemos compartido el tiempo jugando fútbol, escuchando tus historias y viendo algunas películas. Aunque eras muy callado, según comenta mi familia, nos divertiríamos mucho, abuellito querido.

Camino a la universidad, con mi padre hablamos mucho de ti. Con un supiro de alegría, nostalgia y tristeza, mi papá expresa cómo fue el trato que les dio su viejo en la niñez. Dice: "Tu abuelo y tu abuela, en lo que yo estudié el bachillerato, siempre me tenían café y pan". Así te recuerda mi papi. Comentamos que, si estuvieras con nosotros, vivirías con mi tío. Es la frase que, al pensar en tí, expresamos mi papá y yo.

Lamentablemente, ese cáncer te alejo de mí, viejito. El vicio del cigarro y tu trabajo de minero, fueron las causas de tu enfermedad. La esperanza de que te recuperaras fue grande en tus seres queridos. Tu padecimineto ya era demasiado avanzado, ya no podían hacer algo los médicos. La agonía de pasar en el hospital, el deso de recuperarte, el deseo de conocer a tus nietos que venían en camino, piensó que eso pasó por tu mente antes de tu partida. Al paso del tiempo, entendí el propósito que Dios tenía para ti.

La noche en que falleciste, el mundo se detuvo por un segundo, al perder a un hombre valioso como tú. La oscuridad se paseó por la habitación en la que te encontrabas. Ahora compartes con Dios, y, desde allí no cuidas, ayudas, consuelas y aconsejas, como en algún tiempo lo hiciste con el resto de mi familia. ¡Hasta pronto, abuelo! Sólo esas palabras puedo decirte, con un nudo en mi garganta, la voz quebrada y una lágrima en mi mejilla. Mantengo la esperanza de que algún día en el cielo te veré, te abrazaré y al fin te conoceré. Concuerdo con el pensamiento de que la única muerte que existe es el olvido. ¡Te amo, Abuelito!