martes, 11 de agosto de 2009


¡NO DUDES!, DIOS TE AMA

Los seres humanos estamos destinados a pecar. No hay tan solo un día en que no cometamos un error. Pero, ¿qué hacemos cuando nos equivocamos? ¿Nos arrepentimos?, o, ¿seguimos actuando de la misma forma? Son preguntas que me formulé por mucho tiempo y, hasta ahora, encontré las respuestas.

Es la noche más fría de la historia. Un hombre está a punto de tener una muerte que cambiará vidas enteras al paso de los años. Uno de sus mejores amigos Simón, le juró lealtad hace dos semanas. Ahora se encuentra entre la multitud que pide que se haga justicia. En la casa del sumo sacerdote se lleva a cabo el juicio de aquel “hombre de milagros” y claro no puede faltar una fiesta. La fogata, en medio del patio, es la invitada de honor, junto con las charlas, cuyo tema es aquel infeliz que pronto será crucificado. Eunice, la vendedora ambulante, platica con Estefany mejor conocida como: Fany, la encargada de “comunicar” a las personas del pueblo. Simón, se acerca para “informarse”, cuando se detiene la conversación. Las mujeres, lo miran. Eunice, lo ha visto, pero no recuerda el lugar, ni quiénes lo acompañaban. De pronto, Fany le dice: – Tú también estabas con el galileo –. – No sé de que me hablas. Ha de ser uno de tus chambres mujer, de lengua floja –, con enojo, contestó Simón y se alejó de aquel lugar. Mientras camina hacía la puerta, para relajarse y evitar el estrés provocado por aquellas señoras, una muchacha lo mira de pies a cabeza. Ayer él y sus amigos, le pidieron prestado un racho, al primo de la señorita, para que su Maestro fuera a orar en el monte Getsemaní. Con voz despectiva, lanza una acusación para que la gente, que se encuentra alrededor de ella, se entere. – También éste estaba con el nazareno –, dice la joven. – Nunca en mi vida he conocido a ese hombre lo juro por mí suegra –, (a quien días atrás el acusado había sanado, tal vez por eso estaba negando a su Maestro). Sin más remedio, se dirigió a jugar una partida de póker con los muchachos que están afuera de aquel lugar. Pero Ernesto, el más viejo de todos, lo reconoció. Él lo había visto en el programa de los más famosos de Jerusalén cuando entrevistaban al nazareno, luego de haber tenido una entrada triunfal en dicha ciudad hace un par de días. Ernesto deja de barajar las cartas y mira a Pedro (Simón). –No puedes decir nada más, te conozco. Tu manera de habla es igual a la de ese tal “Mesías”, por favor, ni siquiera sabe de que nosotros, le escupimos y lo golpeamos, así se dice llamar el “Salvador” – con una sonrisa demoníaca le dice Ernesto a Pedro. La reacción de Pedro es la mejor del mundo y le contesta: – ¡Porqué la gente me confunde! Soy uno de ustedes, a ese infeliz que va a morir no lo conozco, ni lo conoceré lo juro por mi propia vida –. En eso Jesús, sangrando luego de que un puñetazo lo dejara tendido en el suelo, levanta el rostro y mira a Pedro, en sus ojos hay tristeza, se siente abandonado.

Es en ese preciso momento que el gallo canta a las 5:00 a.m., Pedro recuerda las palabras que su Maestro le había dicho, en la cena justo antes de ir a orar, – antes que el gallo cante habrás negado tres veces ¬–.
Pedro no aguanto más. Corrió, hasta no poder más. Cuando ya no había nadie cerca, lloró como nuca antes lo había hecho en su vida, más que aquella vez que sus padres lo habían castigado de manera asombrosa, luego de haber desobedecido a la orden de no volver a arruinar la computadora. Pero, Pedro tenía algo diferente, conocía muy bien al Maestro, sabía que si se arrepentía tal vez podía alcanzar misericordia de él, entonces en un clamor. Uno sincero. Miró al cielo y dijo: – Dios, perdóname no merezco ser llamado tu amigo. Fui un hipócrita, juré que te acompañaría hasta la muerte si era posible y en cambio te negué. Por favor, ten misericordia de mí –. Unos años más tarde se convertiría en un evangelista, llevando el mensaje de salvación a niños y adultos. Dios miró su corazón no su pecado. Pedro llegó a tener tanta unción del Espíritu que su sombra sanaba a los enfermos. Si eso no es gracia y amor entonces, ¿qué es? Dios no ve nuestro pecado, Él mira nuestro corazón. Si cometimos un error hay que confesárselo a Jesús y nos dará el perdón.

No por un error hay que dejar que Satanás haga destroces con nuestras vidas, al contrario hay que tomar valor y ser más fuertes. Fuerte no es aquel mientras más feroz se muestre a la situación más se fortalecerá, no es eso, fuerte es aquel que a pesar del golpe, mira su esfuerzo y lucha con voluntad. Es que sabe que la victoria está cerca sí no se rinde y con un último suspiro y con sus motivaciones al cien por ciento hace un irrevocable esfuerzo y sale victorioso. Esa es la verdadera fortaleza.
¿Dejaremos nuestro propósito por un error? ¿Le entregaremos nuestros talentos a Satanás para que los destruya? ¿Nos levantaremos y haremos nuestro mejor esfuerzo para lograr la victoria? ¿Confesaremos nuestro pecado a Dios para que nos perdone? ¿Le daremos la importancia a nuestra voluntad para salir adelante? Pedro no se quedó en el suelo, reconoció su error y se lo confesó a Dios, supo cuales eran sus motivaciones y le dio paso a su voluntad y no se rindió.

Ahora se encuentra en el cielo con el Rey de Reyes y Señor de Señores. Sí Pedro pudo ¿qué me impide a mí llegar alto?
SIEMPRE PUEDES CAMBIAR TU ESTRELLA EN CUANTO TÚ QUIERAS. Así que la próxima vez que te sientas sucio por haberle fallado a Dios has esto: Confiésale tu pecado porque ya te perdonó y que jamás se te olvide Dios te ama y eres su consentido, sea como sea, cumplirá su propósito en ti.

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