lunes, 6 de julio de 2009


SANTIAGO MARTÍNEZ, MI ABUELO

¡No te pude conocer viejo! Las personas que familiarizaron contigo, a pesar del paso de los años, no te olvidan. Tan lleno de vida, de fuerzas y de voluntad. Tu forma de ser, digna de admirar, ayudó a formar el carácter de tus hijos.¡Desaría poder viajar en el tiempo para compartir tus experiencias!

Sentado en mi habitación, comienzo a imaginar cómo sería mi anciano favorito. Acercando una foto, la nostalgia inunda mi mente. Recordando la forma de cómo hubiésemos compartido el tiempo jugando fútbol, escuchando tus historias y viendo algunas películas. Aunque eras muy callado, según comenta mi familia, nos divertiríamos mucho, abuellito querido.

Camino a la universidad, con mi padre hablamos mucho de ti. Con un supiro de alegría, nostalgia y tristeza, mi papá expresa cómo fue el trato que les dio su viejo en la niñez. Dice: "Tu abuelo y tu abuela, en lo que yo estudié el bachillerato, siempre me tenían café y pan". Así te recuerda mi papi. Comentamos que, si estuvieras con nosotros, vivirías con mi tío. Es la frase que, al pensar en tí, expresamos mi papá y yo.

Lamentablemente, ese cáncer te alejo de mí, viejito. El vicio del cigarro y tu trabajo de minero, fueron las causas de tu enfermedad. La esperanza de que te recuperaras fue grande en tus seres queridos. Tu padecimineto ya era demasiado avanzado, ya no podían hacer algo los médicos. La agonía de pasar en el hospital, el deso de recuperarte, el deseo de conocer a tus nietos que venían en camino, piensó que eso pasó por tu mente antes de tu partida. Al paso del tiempo, entendí el propósito que Dios tenía para ti.

La noche en que falleciste, el mundo se detuvo por un segundo, al perder a un hombre valioso como tú. La oscuridad se paseó por la habitación en la que te encontrabas. Ahora compartes con Dios, y, desde allí no cuidas, ayudas, consuelas y aconsejas, como en algún tiempo lo hiciste con el resto de mi familia. ¡Hasta pronto, abuelo! Sólo esas palabras puedo decirte, con un nudo en mi garganta, la voz quebrada y una lágrima en mi mejilla. Mantengo la esperanza de que algún día en el cielo te veré, te abrazaré y al fin te conoceré. Concuerdo con el pensamiento de que la única muerte que existe es el olvido. ¡Te amo, Abuelito!

2 comentarios:

uno mas del monton dijo...

Es interesante el agradecimiento que sentís hacia Dios por su sacrificio. Lamentablemente él espera mucho más que eso de toda la humanidad.

"†"≈†ÇǾĻ8†≈"†" dijo...

Dios es lo más grande que hay. Me agrado que lo tomaras en cuenta para una entrada en tu blog. Me gusto mucho.