Desde que tengo memoria, nos conocemos. Han pasado ya más de diez años, y aún, seguimos siendo amigos.
Recuerdo, cuando erámos niños. Las veces que pelamos porque me ganaste jugando fútbol, o porque te ganaba las chibolas. En fin. No pasaba ni un minuto y ya estábamos jugando de nuevo, como si nada hubiese pasado.
Uno de los días más tristes en nuestra amistad, fue esa tarde en que ya no juagaría contigo porque emprendería un nuevo viaje. Pero, eso no fue motivo para separarnos. Nuestros padres, ¡Oh, son unos genios! Planearon que, cada fin de semana, deberíamos reunirnos. La sonrisa volvió a nuestros rostros. Una vez volveríamos a estar juntos.
El tiempo ha pasado La adolescencia toco a nuestras puertas. Hemos crecido. Pero, lo que no cambio, fue nuestra amistad. Todo lo que hemos pasado, hace que no te llamé más mi amigo, sino que mi hermano. No debemos, ni siquiera darnos el lujo de pensar, que nuestra amistad acabe por un problema. Ha sido difícil no tener problemas. Estoy seguro que, en el futuro, también habrá unos cuantos.
Así que, venga lo que venga, estaremos dispuestos a vencerlos. Porque me doy el lujo, más que un lujo. El honor, de llamarte hermano.
¡GRACIAS POR TU AMISTAD!
PROV. 17: 17
MÁS QUE UN AMIGO, MI HERMANO
No hay comentarios:
Publicar un comentario